
R.A.E. Dixid: “Respeto o consideración hacía las opiniones o prácticas de los demás, aunque no coincidan con las propias”
Pues eso, que estoy hasta los bilaterales de ser tolerante.
Pues sí. Según parece y según los tópicos ideológicos imperantes es seña del rojerio ser tolerante, dialogante, respetuoso con las creencias y prácticas de los demás.
Pero… ¿es lógico ser tolerante con los que no lo son con uno?
Me explico; quiero decir que ¿debo tolerar a los niñatos que me montan el botellón debajo de mi ventana y que ni de coña “toleran” mi derecho a dormir por las noches?, por ejemplo.
O… ¿debo poner, no la otra mejilla, sino una tercera, cuarta o enésima mejilla a alguien que me abofetea constantemente por diversión o malicia, o debo darle una patada en los huegos?
Hasta aquí es casi seguro que que todos estaremos de acuerdo que se debe ser tolerante, sí. Es civilizado y benévolo sí, pero con ciertos límites que pasan por una cierta política de retribución. Osea, una cierta consideración mutua.
Perooooo…
Aquí llegamos a las imposiciones de cierto tipo.
Hace años, tenia un comercio, y cierto día se presentaron unos individuos a “recoger” mi contribución económica para los actos de la semana santa local — para mi no es santa, así que la pongo en minúsculas —.
No, no he dicho que vinieran a pedir, solicitar, rogar… No, venían a RECOGER la contribución obligada, vamos que ellos se planteaban que todo el mundo tenia que pagar sus actos religiosos de su semana santa.
Lógicamente, por el simple motivo de mi insuficiencia crónica ante las imposiciones, y tras sobreponerme a la sorpresa, le di la patada verbal en el culo y los expulse de mi negocio.
Cosa que les indigno sobre manera, “malditos rojos maleducados y blasfemos”.
Y a eso voy, cuando llegan las inefables y comerciales navidades es malo, pero la nefasta semana santa es un crimen contra el sentido común y una insuperable prueba para la paciencia de las personas que NO son católicas fanáticas, turistas con pretensiones sociológicas o locas gay — ¿que no?, ¿ofensivo esto último?, ya, conocí una famosa cofradía madrileña, cuyo cofrade mayor era un conocido y arrejuntado gay de chueca, junto con varios cofrades a los que les encantaba la parafernalia, sin plantearse la esquizofrenia de la situación —.
Hace tiempo hubo una parte de la sociedad bien pensante que exigía que las manifestaciones se realizaran en circuitos cerrados fuera de las ciudades ya que estas protestas suponían un gran descalabro para la convivencia, interrumpiendo las actividades de las personas que no participaban en estas acciones.
¿Y que coña pasa con las puñeteras procesiones por ejemplo?
¿Como se puede justificar que por un rito religioso minoritario se coladse durante una semana una ciudad como Sevilla?, por poner por caso.
De los actos promovidos por ultraconservadores en el centro de Madrid ya hablaré otro día.
Y sí, es minoritario, porque en ellas participan unos miles de personas contra los cientos de miles de ciudadanos que no participan y a los cuales les supone un impedimento para sus actividades, o en el mejor de los casos, los más afortunados se ven en la necesidad de irse de la ciudad esta semana.
¿Como se justifica, a parte de por motivos espectaculares y turístico monetarios?, ¡Pues porque todos somos católicos en este país por decreto!, o eso pretende la conferencia episcopal que por otro lado no acepta que nadie se borre de sus registros.
Todos tenemos que seguir las imposiciones de la iglesia católica y aguantar sus ritos públicos por narices, aunque sus iglesias estén vacías como muestra de su escasa representación social.
Hay mucho creyente o más bien supersticiosos en este país, pero no tantos católicos apostólicos y romanos.
Y es así, hay que ser tolerantes y aceptar que te dejen aislado durante cuatro días por sus pasos, cuando solo cuatro gatos participan en ese asunto de buena fe, el resto, es el turista, la loca, el hostelero y el carterista.
A los que el rito religioso les es indiferente, por supuesto.
Yo soy tolerante con las creencias, pero solo si los creyentes respetan mi derecho a no creer en nada.
Mando a la mierda a los evangélicos que se plantan ante mi puerta o intentan asaltarme por la calle.
En cago en el padre del sacristán cuando me despierta con sus campanas de madrugada.
Pongo el ipod a toda leche con el soniquete del mulleidin.
Y deprecio el ridículo y criminal fanatismo israelí.
Y desde luego, pondré la Polla Récord a toda hostia si me retienen en el coche por culpa de una puñetera procesión, y si les molesta, que empiecen por respetarme ellos a mi.
Vamos, que ni de coña voy a ser tolerante con las imposiciones de los fanáticos. Si quieren que respete sus creencias que las practiquen en privado y sin molestarme con la carencia de las mías.
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